Estuve más flaca. También fui más joven. También tuve más plata, mejor ropa, cortes de pelo más sentadores y menos celulitis. Y también estuve de novia en vez de soltera, pero la verdad es que nunca estuve tan linda como ahora.
La gente de Dove, con los que estoy trabajando en una campaña, me hizo llegar un estudio acerca de qué es la belleza real HOY para las mujeres, y los resultados fueron más o menos los que esperaba. Lo que es lindo o feo hoy está cruzado culturalmente, de eso no caben dudas, pero hay algo más.
Entre los miles que tengo, esta es la foto en la que me veo más linda. Me la sacó mi novio de entonces, en Humahuaca. Veníamos de recorrer todo el NOA, y al otro día ya volvíamos a Buenos Aires. Habíamos pasado dos semanas al aire libre, en contacto con la naturaleza, sin ruidos, sin chequear mails, caminando, tomando sol, sacando fotos. Estaba sin bañar, despeinada, sin maquillaje, mal vestida... y completamente feliz. No es una foto posada. Ahí estoy yo, tranquila, tomando mate en la cocina de un hostel.
Y si pienso en otros momentos en los que me sentí así de hermosa, lo que todos tienen en común es que estaba radiante. Tenía pilas, estaba contenta, con ganas de arriesgarme, de hacer. Y esa energía era tan poderosa que atraía más cosas nuevas y se armaba un círculo virtuoso en el que lo que realmente importaba no tenía mucho que ver con que me entrara el pantalón, sino que se relacionaba con la plenitud de ser lo mejor que podés ser y no dejar que tus miedos te limiten.
Es un cliché, sin dudas. Pero qué quieren que les diga: en los clichés siempre hay algo de verdad, y entre todos los que andan dando vueltas, elijo quedarme con este.
¿Cuándo se sienten diosas ustedes? ¿Me cuentan?
(También pueden seguir la discusión en twitter, usando #soylinda)
(También pueden seguir la discusión en twitter, usando #soylinda)

