La amiga grasa

8/18/2005
Todos tenemos una amiga grasa. De esas que adoran la música "latina" y los boliches ídem, que salen a matar con su jean ajustado y su remera de lycra que deja poco a la imaginación, el pelo planchado y los ojos pintados de plateado.

Y así va ella por la vida, absolutamente convencida de que lo suyo es glamour y tuyo es "un gusto raro" (es que ella es totalmente ajena al buen gusto, así que, claro, es raro), y hasta insulta tus stilettos con total frescura, enamorada de sus sandalias de taco cuadrado y tiras fucsias.

El problema de la amiga grasa es que ella no va a lugares no-grasas, porque "no tienen onda", por lo que, si querés salir con ella, no te queda otra que acoplarte a su nefasto programa. Éste generalmente incluye algún bar de mala muerte (¡tragos a cinco pesos!), quizás cumbia, y siempre sudor de otros pegándose en tu ropa mientras tratás de hacerte paso entre un mar humano maloliente, compuesto en su gran mayoría por gente que en su momento cantaba los temas de Rodrigo.

Lo bueno que tiene, sin embargo, es que no gastás un mango: ella sólo va a sitios donde las mujeres (damas) no pagan entrada, y que se ubican un radio "caminable". Además, no tenés que sufrir por las miradas hostiles de los demás, porque recaen sobre ella, así que podés relajarte con alguna bebida alcohólica mientras ella hace sociales.

En fin, soy un poco snob, pero igual a mi amiga no la cambio por nada del mundo.

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